Vestida de negro, bien de negro, para gritar mi frustración y se notara, por haber perdido lo perdido, por no tener aquello que esperaba.
Baje mis ojos para que no fueran la nota de color que rechazaba, muy dolorida, si, muy enojada.
Odie al sol y al color de las veredas, la gente indiferente que pasaba, aquellas voces que osaban distraerme de esa angustia que mi alma atenazaba.
Que cruel la vida pensé, que nadie llora este dolor que es infinito.
Que injusto es que yo llore esta gran pena en un escenario hostil y que no haya publico viendo las escenas.
Volví sobre mis pasos enojada por no poder contaminar con mi derrota a todo el mundo que encontraba afuera, esfuerzo inútil que no me permitía poder revertir mi dolor de otra manera.
De nada sirve odiar si es que fracasas ni pedirle revanchas a la vida, sirve si tolerar las frustraciones y aprender de las pérdidas habidas.
